Abrazos de la naturaleza

El nido se había quedado sin voces. Los trinos lejanos, las alas desplegadas en otros vientos, los intentos y los fracasos, la búsqueda y el encuentro, todo formaba parte de ese entramado de ramas y de hojas que delimitaban el hueco, cuyo silencio se expandía en los silencios del campo. Sin embargo, si uno se detenía, podía sentir en el aire las notas de una melodía antigua, suspendida en la copa del mismo árbol que aún abrazaba al nido.

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