Dedos en la tierra

Se aferraba a la vida. Su eje, prolongado en dedos que buscaban la tierra y acariciaban las raíces. Allí, se escondía su esencia. En esa intersección del destino se podían sentir los latidos de la semilla de la que provenía. Sólo por ella se aferraba a la vida y se dejaba llevar por un único deseo, perpetuarla.

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