Dentro del espejo

Apoyó sus dedos sobre la superficie del espejo y se internó en ese mundo verde en el que se refugiaba desde hacía unos meses. Allí lo encontraba. Atrapado entre las ramas de aquel árbol que los había acompañado toda la vida, su boca murmuraba las palabras del viento y la invitaba a seguirlo. Impulsada por la voz que la convocaba, se atrevió a avanzar. Se dejó llevar por la frescura de la savia y fluyó con ella por las nervaduras del tiempo. Sus manos se abrieron en pétalos que guardaron en su vientre el fruto de sus deseos. Quizás por eso, convertida en semilla, se sumergió en la tierra y completó el recuerdo enterrado en un espejo en el que ya no podía mirarse.

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