La sombra de otra vida

Detrás de la ventana se balanceaba una sombra. Ana podía escuchar sus pulsaciones, sincronizadas con las suyas. La había visto por primera vez aquella mañana helada, apenas un destello de luz, un roce frío y luego esos ojos que, desde entonces, la observaban y querían decirle algo que ella no comprendía.
A un costado del eje del tiempo, asomaba la sombra que se había perdido en un meandro del destino y, arrepentida, buscaba las aguas del río de la existencia.
Ana despertó sobresaltada, el corazón desbocado, las palabras apuradas, líquidas, como la corriente que la arrastraba hacia esa otra vida en la que permanecía colgada detrás de una ventana.

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