Líquido puñal

Todavía esperaba. Los minutos adheridos a las gotas, el corazón atrapado en los recuerdos, sus ojos perdidos en el alma de esa fuente donde, alguna vez, había nacido el amor. Por eso regresaba. Se movió incómodo. Esa noche, la danza del agua lo alteraba. Su pena se acoplaba al movimiento, a ese ir y venir de las cosas, de la vida.
De pronto, protegidas por la oscuridad, un poco más allá de su desdicha, dos sombras se alargaban en un abrazo mojado. La verdad viajaba hacia él y tomaba forma. Un puñal, líquido y danzante, abría una herida y llevaba en su punta las gotas de una traición…

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