Ruinas de amor

Caminó hacia las ruinas de un amor troquelado por las dudas y por el miedo. Siete meses y siete días, una especie de profecía aleteaba sobre sus hombros. Ella lo vio llegar, el tiempo concedido descansaba entre sus dedos laxos. El la buscó en esa geografía compartida. Su piel, adherida a las hojas, sus lágrimas, enredadas en las ramas, el extraño sabor de una presencia ausente. Quizás por eso, no se atrevió a avanzar.
Una brisa amarga arrojó el aroma de la tristeza y el campo recogió su voz. Una voz lejana, que le llegaba a través de esos ojos vacíos.
Suspendido en un brazo de la muerte, su cuerpo se balanceaba sobre las agujas de un reloj detenido a las siete de la tarde y se liberaba de la angustia del tiempo concedido.

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