Sin horas

Mis manos de metal tomaron los segundos contenidos en mi centro y los estiraron. La tarde se hizo elástica en esas manos que buscaban cambiar el ritmo de mis pulsaciones. Los minutos, que también eran parte de mi esencia, se enredaron en la lentitud de los segundos y quedaron atrapados en otros latidos. Tal vez por eso detuve mi marcha, tal vez por eso, mis manos de metal se aquietaron y le regalaron al amor un tiempo sin horas.

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