Deseo

Su deseo flotaba en el agua. Iba y venía, en un vaivén de emociones encontradas. ¿ Qué quería? ¿ Qué era lo conveniente? Hechizada por una mirada imaginada, se dejó caer. Oculta entre los vegetales que se mecían a su lado, posó sus ojos en un punto lejano, del tamaño de su deseo. Ella esperaba una respuesta.
Sobre el horizonte, el río exhaló su reclamo. El punto se hundió y desapareció de su vista.
Minutos después, el amor que flotaba sobre el agua emergió junto a ella para fundirse con su deseo. Un vaivén de emociones encontradas hacía equilibrio al costado del agua. Tal vez, más allá de lo conveniente.

Danza de sombras

Una danza de sombras dialogaba con las ramas. Por encima, como si estuvieran conectadas por hilos invisibles, eran las propias ramas las que guiaban ese baile elástico, con el ritmo de la savia. Por debajo, las sombras reflejaban con sus movimientos el ánimo del árbol y se convertían en un espejo de sus emociones.

Miradas superpuestas

Lo veía llegar. Como cada tarde, se asomaba a ese deseo escondido detrás de las cortinas. El corazón palpitando unas formas imposibles de alcanzar, los brazos estirándose en un abrazo imaginado, la piel ardiendo en un fuego invisible, que se apagaba sobre esos vidrios, empañados por el frío de la distancia. Aún así, ella soñaba lo que él ni siquiera podía adivinar. Y, sin embargo, como si las llamas de esa pasión silenciosa hubieran podido alcanzarlo, esa tarde, la había mirado por primera vez. Después, entregados a una comunicación silenciosa, ninguno de los dos se atrevió a regresar al otro lado de sus miradas.

Habitar lo escondido

En ese instante liviano, era posible habitar lo escondido, reconocer la flexibilidad de las curvas y la presencia de los huecos por los que la vida extendía sus ramas, casi como un deseo. Solo así, las palabras guardadas en las axilas de un silencio podían fluir hacia los extremos para brotar, dóciles, en otro instante liviano.

El camino

Sobre el camino latían las huellas de aquellos que arribaron a la meta. Desde allí, en ese punto inmóvil en el que todo parecía terminar, podía emprenderse el regreso para no olvidar el latido de las huellas, para retornar al anhelo de alcanzar una meta.

Intersección

Sobre esa línea imaginada, exactamente donde las ramificaciones de nuestros sueños rozan el cielo, lo imposible toma forma y cae sobre nosotros como una llovizna de felicidad. Solo basta levantar los ojos, enfocar la mirada y descubrir en qué árbol se balancean nuestros anhelos.

Historias detrás de las puertas (VII): Las hormigas

Respiraba la tierra de un hormiguero ajeno. Podía sentir la rugosidad de esas partículas oscuras, pegadas a sus orificios nasales, mientras sus horas se perdían en un laberinto de túneles sin salida.
Encerrada en ese espejo, que reflejaba su imagen de barro, dejó caer sus últimas lágrimas. No podía recordar de qué manera las hormigas habían comenzado a llevarse lo que le pertenecía. Pero lo habían hecho, sin apuro. Con lentitud, habían transportado sobre sus cuerpos los diminutos fragmentos de su existencia. Y cuando ya no tenían qué llevarse, la reina se hizo presente para arrancarle su último suspiro de amor.
La imagen del espejo se desvaneció de repente. La puerta se abrió por primera vez desde aquella mañana en que lo había visto partir, detrás de las hormigas, hechizado por la reina.
Emergió desde las profundidades de su inconsciencia exhalando la tierra del odio, para respirar la vida.
Tal vez, si estaba atenta, todavía podía recuperar sus pedazos, desparramados sin sentido en los túneles de un hormiguero ajeno.

Presencia

En ese remolino de voces me encontré con la tuya, que murmuraba en mis oídos la opacidad de tu silencio. Desde el mutismo de un recuerdo, con olor a campo, con el sabor de las palabras que se habían quedado allí, pude reconocer tu sombra. Sobre las nubes, que parecían retener tu presencia para sostenerte, te descubrí eterno, cercano, tan solo una imagen muda, adherida a mis recuerdos.

Resurgir

La vida se abría paso entre los escombros y, aunque apenas rozaba la aspereza de sus bordes, se elevaba por encima de ellos, olvidando la oscuridad de los recuerdos que permanecían en el extremo de las raíces.

Ciclos

En el aire, suspendida entre las ramas, hacía equilibrio una conversación imperceptible. Detrás del silencio, la naturaleza rodaba sus ciclos y soltaba palabras que formaban parte de una lengua sutil, capaz de entrelazar a los seres del paisaje.