Habitar lo escondido

En ese instante liviano, era posible habitar lo escondido, reconocer la flexibilidad de las curvas y la presencia de los huecos por los que la vida extendía sus ramas, casi como un deseo. Solo así, las palabras guardadas en las axilas de un silencio podían fluir hacia los extremos para brotar, dóciles, en otro instante liviano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *