Historias detrás de las puertas (VI): Mariposas blancas

Por fin se había decidido. Avanzaba hacia un rincón de su pasado, dormido en el sótano de su memoria.
La puerta cedió. Una oscuridad sonora la deglutió. La boca de un ayer negado la atrapó entre sus labios. Unos hilos misteriosos se enredaron en sus pies y la obligaron a descender.
Uno…dos…tres escalones. Desde abajo, alguien la convocaba y tiraba de ella, que se había vuelto elástica. Cuatro…cinco… seis…Una mariposa blanca, de alas brillantes, ejecutó una danza a su lado. Otras, más pequeñas, se sumaron en un círculo y aletearon un mensaje fantasmal, blanco, como de una niña dormida. Siete… ocho…nueve…el aroma de la muerte la arrastró. Rodó con su miedo, que latía en su cuerpo desde siempre. La mariposa batió sus alas y el sótano se iluminó de repente.
Una imagen antigua, como si fuera una foto, se desplegó sobre la humedad de la pared. Aquellos ojos sin párpados la buscaron. Desafiantes.
La niña dormía su encierro. A Carla le pareció reconocerse en la transparencia de ese sueño en el que estaba atrapada.
Las mariposas levantaron vuelo. Nueve… ocho…siete…y ascendieron desde la oscuridad de ese sótano para llevarse el fantasma de una niña que, tal vez, nunca había existido.
La puerta se cerró de golpe. Adentro latía una verdad que Carla había decidido dejar encerrada en el sótano de su memoria.

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