Historias detrás de las puertas (VII): Las hormigas

Respiraba la tierra de un hormiguero ajeno. Podía sentir la rugosidad de esas partículas oscuras, pegadas a sus orificios nasales, mientras sus horas se perdían en un laberinto de túneles sin salida.
Encerrada en ese espejo, que reflejaba su imagen de barro, dejó caer sus últimas lágrimas. No podía recordar de qué manera las hormigas habían comenzado a llevarse lo que le pertenecía. Pero lo habían hecho, sin apuro. Con lentitud, habían transportado sobre sus cuerpos los diminutos fragmentos de su existencia. Y cuando ya no tenían qué llevarse, la reina se hizo presente para arrancarle su último suspiro de amor.
La imagen del espejo se desvaneció de repente. La puerta se abrió por primera vez desde aquella mañana en que lo había visto partir, detrás de las hormigas, hechizado por la reina.
Emergió desde las profundidades de su inconsciencia exhalando la tierra del odio, para respirar la vida.
Tal vez, si estaba atenta, todavía podía recuperar sus pedazos, desparramados sin sentido en los túneles de un hormiguero ajeno.

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