La quietud del tiempo

La vida, contenida en una sucesión de segundos inquietos, asomaba en el centro, como si de esa manera pudiera detener el tiempo, justo en el punto donde el agua bailaba una danza silenciosa y amenazaba con arrastrarla en esa inevitable corriente de segundos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *