Un vínculo de letras

Una lluvia de letras cae sobre los renglones y da vida al primer párrafo, tan solo un charco en el que se mueve el principio de una historia. Una puerta se abre. Las palabras se acomodan y comienzan a evaporarse, justas, dóciles, para elevarse y convertirse en nubes, que enriquecen el cielo de la imaginación. Un universo inventado, suspendido en ese cielo, se abre paso y completa la historia, página a página, desatando tormentas que arrastran a quienes no pudieron evitar la aventura de nadar en el comienzo. Con sus ojos sumergidos en ese primer párrafo, transportados a otros tiempos, de horas encerradas entre puntos y comas y de espacios construidos por la magia de las palabras, los lectores avanzan en ese mundo de imágenes que crecen y se enredan en sus horas y, más tarde, se hacen parte de sus vidas.
Desde algún lugar, la voz del autor se derrama en forma de gotas que alimentan la imaginación del lector, justo hasta el charco final en el que un punto pone fin a la tormenta que desata la trama.
A uno y otro lado de las páginas, las palabras se ramifican para sostener un vínculo indisoluble.

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