La prueba

Cruzaba el sendero del tiempo. Las horas, enredadas en sus manos, caminaban hacia el punto de encuentro. Tenía que lograrlo, atravesaría ese círculo de fuego. Los minutos se escapaban volátiles, livianos, sutiles, adheridos a los segundos que llevaban sus pies a la meta.
El reloj marcaba las cinco. En algún lugar lejano alguien seguía sus pasos. Cruzó sobre las agujas. Se detuvo en la palabra que daba comienzo a la prueba. El profesor lo miró, llevaba en sus ojos preguntas sin respuestas, inmóviles, vacías. Su respiración se aceleró y sus latidos se plegaron a ese tiempo inventado.
Un sonido áspero lo trajo de regreso. Atravesó los senderos del sueño y supo que el despertador marcaba el primer paso hacia su círculo de fuego.

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