Tormentas de la vida

Ella imaginaba el alivio, esa extraña sensación de libertad que habitaba en su cuerpo después de las tormentas, los rayos de sol impulsando su sangre, la piel sin el peso de las nubes, la mirada más clara, purificada por el agua que arrastraría sus lágrimas.
Había que atravesar los remolinos que el viento de la vida proponía. Era necesario dejar volar las hojas secas, en cuyas nervaduras se escondían historias truncas y dejarse llevar por la esperanza que anidaba en esas gotas frescas, capaces de aliviar la pena, detrás de las tormentas.

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