Historias detrás de las puertas(IX):Las golondrinas

Ellas se habían ido junto conmigo. Huían del invierno, como yo del frío que me producía atravesar la crisis. Había elegido emigrar para evitar que mis palabras pudieran cortar el último hilo que nos unía. En realidad, no eran las palabras sino la forma en que se atropellaban dentro mío y se disponían a emerger como lava para quemar en los lugares justos. Eran esas curvas y esos ángulos de letras engrosadas por la bronca, los que se preparaban para atacar como flechas invisibles. Fueron esos acentos ubicados en el sitio equivocado los que me llevaron a armar las valijas.
Ahora que el invierno se ha ido, las veo regresar. En sus alas viaja escondida la esperanza, sobre sus picos transportan minúsculas partículas de amor. Tal vez por eso, tengo ganas de mi patio, de la tibieza de la primavera entre mis plantas y mis pies se ponen en marcha.
Cuando abro la puerta, me doy cuenta de que mis palabras se han relajado lo suficiente, las siento acomodarse dóciles sobre mi garganta anudada.
Una mirada atraviesa mi alma. El silencio despliega otro lenguaje, imposible de olvidar.
Su abrazo me indica que nunca hemos dejado de comunicarnos, detrás de las palabras.

Sueños cumplidos

Volaba. Se atrevía a cruzar ese cielo de posibilidades en el que expandía sus alas. Se dejaba mecer por el aire, y se sometía a sus caprichos. Sus sueños levitaban entre plumas, livianos, tibios, incubados en un deseo profundo, dispuestos a elevarse más allá de lo posible.
En la serenidad de ese vuelo, sus sueños se hacían realidad.