Corte

Había que cortar. Detener la película de su vida para rebobinar cada una de las escenas. Era necesario pararse en los detalles, analizar cada cuadro, la sutileza de las líneas, la fuerza de los puntos, las aristas y los vértices de cada rostro, la redondez de las curvas y sobre todo mirar el fondo para encontrar las formas, los fragmentos de sí misma que habían ido mutando a una velocidad imperceptible.
Había que cortar y mirar hacia atrás para reconocerse, para descubrirse en la continuidad de esa película que contenía cada uno de los días de su vida.