Búsqueda

Suspiraba. Dejaba ir las toxinas que la ahogaban, los vestigios de una angustia anudada en el centro de su garganta. Suspiraba sobre esos pies que se alejaban, sus pupilas viajaban en los cordones de aquellas zapatillas azules y su mente imaginaba otra historia.
Las manos cerradas eran parte del hierro , el alma tras las rejas, cárceles inventadas para no soltar, para no arriesgarse a la libertad más allá de las zapatillas que todavía caminaban dentro suyo y se alejaban, una y otra vez, en su recuerdo.
Espiaba, las cortinas apenas corridas, el dolor en su piel, llevándola donde ella no quería, atrapada en el viento de una vida quieta, cuando de repente lo vio.
El seguía allí, inmóvil, su cuerpo inventado en la fantasía de un relato antiguo, sus virtudes intactas, héroe, príncipe, y , sin embargo, tan humano.
Tal vez era cierto lo que se decía por allí, tal vez nunca la había querido, tal vez era tiempo de saltar desde esa torre de inseguridades, de abrir la ventana y de liberarse de las rejas para ir, por fin, al encuentro de sí misma.

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