Historias detrás de las puertas (XI) : Las garzas

Sus cuerpos estaban atravesados por líneas rectas. Desde adentro, estiraban sus largos cuellos para espiar la vida que se les escapaba en círculos concéntricos, repetidos. Sus pieles blancas se estremecían en contacto con el aire, que intuían tibio. ¿Sería primavera? Los tres rostros,superpuestos en el óvalo del espejo, lucían inmóviles y se preparaban para un nuevo encuentro. Círculo sobre círculo en ese triángulo de la existencia.
De pie, hacían equilibrio sobre una superficie resbalosa, toda de barro y dormían un sueño liviano, mientras de sus bocas escapaban sonidos extraños, sin palabras.
La casa de “las garzas” estaba en venta. En el barrio se decían muchas cosas, había secretos detrás de esa puerta. Algunos habían escuchado los gritos, otros habían espiado desde sus ventanas. Alguien habló en el mismo momento que otro escapaba.
Adentro, los cuerpos rígidos se perdieron en una curva.
Sobre la vereda una pluma blanca se perdía entre los caminantes.
Alguien la tomó entre sus dedos. Una brisa helada lo inmovilizó. Delante suyo, tres rostros sin ojos repetían su nombre, como una letanía y no lo dejaban avanzar por el camino de la vida.