Sin jaulas

Habían volado. Sus alas, apenas extendidas en la libertad, planeaban sobre un instante difuso. Un collage de paisajes novedosos se abría sobre sus cuerpos y cada uno de ellos era un puente hacia lo desconocido.
Habían dejado las certezas encerradas en las jaulas, el aroma de lo cotidiano, las voces conocidas, el tic- tac de sus rutinas, la luces y las sombras que marcaban sus ritmos, el sueño y los silencios.
Cuando las puertas de sus corazones se abrieron, un viento flojo acarició sus cuerpos y liberó las emociones guardadas.
Sus manos se rozaron sin rejas. Sus dedos se reconocieron en la tibieza de unas palabras que intentaron levantar vuelo. Sus labios se buscaron en el aire, dibujaron una sonrisa fresca y, después de pronunciar sus deseos, se encontraron, por primera vez, volando por encima de sus jaulas.

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