Amor troquelado

Vivían un amor troquelado. Se vinculaban a través de una delgada línea de puntos, de palabras recortadas.
En ese momento, en el que estaban decididos a hablar, se habían convertido en dos sombras cuyos rostros se desvanecían sobre la superficie de la mesa. Sus ojos rodaban en círculos concéntricos adentro de las tazas de café, mientras acompañaban el rítmico movimiento de las cucharas que mantenían un diálogo envolvente para apartar el silencio.
Sobre las sillas, las huellas de sus cuerpos retenían sus contornos y también callaban.
Después de beber esos instantes mudos, se fueron juntos, luego de perderse en fondo de aquel líquido tibio y oscuro que circulaba por sus venas.
Se habían encontrado nuevamente, sobre esa línea de puntos apenas visible, que los unía, cada tanto, en un beso sin troqueles.

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