Historias detrás de las puertas (XIII)

Parpadeaban. Emitían destellos lumínicos que se expandían hacia la puerta. Afuera, las líneas de esa intermitencia se perdían sobre la vereda.
Desde allí, podían sentirse los latidos, las voces apagadas, colgadas de la ventana, sus curvas encendidas en un abrazo prohibido, la danza de los cuerpos buscándose en guiños secretos, códigos de luces que pulsaban los deseos y coincidían en un punto brillante, oscilante.
Después, cuando el amanecer pronunciaba sus primeras palabras, cuando la luz del día rompía el hechizo de los amantes, ambos volaban hacia otras vidas, para volver a encontrarse, cada noche, amparados por la oscuridad.

El argumento del paisaje

Arrastraba rumores. Llevaba en su cuerpo líquido las historias del campo. Las voces de cada uno de sus habitantes se sumergían en las aguas y contaban lo que otros habían contado antes, tan sólo para asegurar el argumento del paisaje.