La oxidación del amor

Intercambiaban electrones. Había entre ellos una relación de iones entrelazados por el engaño. Se dejaban llevar como moléculas vivas por el fuego de la pasión. Esclavos de esa combustión predecible, sentían flotar el oxígeno de sus silencios y, juntos, consumían la sustancia de ese amor prohibido.
Entonces, se sumergían en la acidez de las circunstancias que los rodeaban, y dejaban caer unas palabras reducidas, que eran el resultado de la inevitable química que los unía.

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