Punto de encuentro

Guardaba entre sus ladrillos el aroma de mis recuerdos. Se apilaban unos sobre otros, en capas de tiempo que contenían la totalidad de los días. Desde el techo, bajaban las risas de los que partieron y, sin embargo, todavía permanecían allí, como mirándome desde algún lugar lejano.
En la ventana colgaba tu nombre, liviano, suspendido en el aire de los recuerdos, un punto escondido en esa foto en la que nos encontrábamos cada tarde.

Negativo de voces

La vida se desplegaba sin colores en los ojos de mi sueño. Me internaba en un tapiz de texturas desconocidas, cientos de hebras vegetales se enredaban para comunicarme algo que no podía escuchar. Mis pies, elevados apenas por encima del suelo, recorrían el sonido de esas palabras y comprendían en silencio lo que me llevaría a la vigilia.
Me quedé sin voz. Un minuto antes de despertar, pude descubrir un rostro. Me encontré callada detrás de los árboles, mientras otras voces murmuraban acerca de la oscuridad de mi vida de colores.

Giros del camino

Supo girar a tiempo. Esa media vuelta en su camino, apenas una curva , lo invitaba al tropiezo. Un lenguaje nuevo ascendía por las plantas de sus pies para instalarse en los límites de su cicatriz. La mirada detrás de la mirada, un encuentro sin búsqueda, el sonido del amor, otra vez invitándolo y la duda desprendiéndose de su pecho como una flecha caliente.
Sin embargo, rodó sobre sus dudas y en ese giro del destino se arriesgó a avanzar sobre esos ojos que lo invitaban a seguir la dirección de otra flecha.

Respirar la vida

Inspiré el silencio del paisaje, las voces del agua, los sonidos de las nubes, y el susurro de las hojas. Un murmullo apagado ingresó a mi cuerpo, desplegó sus alas de viento y abrazó a cada una de mis células para transformarlas.
En el instante siguiente, pude exhalar las palabras guardadas en mi propio paisaje, hechas de piel y de sangre, que emergieron desde el fondo y se fundieron con el silencio.
En eso consistía la respiración de la vida.