Mirar la vida

Miraba. Se detenía en los rincones de la vida, sus ojos posados en los ángulos, tocando los vértices de las cosas que se le escapaban. Recorría el tiempo de cada superficie y la acariciaba con su mirada sabia. Absorbía los olores que le llegaban desde el interior de los objetos y los guardaba en su memoria. Se detenía en las formas y trazaba líneas imaginarias con sus pestañas, curvas apiladas en los límites de sus recuerdos.
Después, cerraba la ventana y sus ojos pintaban sobre las paredes el perfume de las imágenes recolectadas.
Una música liviana se perdía entre los ladrillos y ella se dormía atrapada en esa melodía inventada, enredada en ese suero que bajaba hacia su cuerpo y la conectaba con el otro lado de su larga vida.

Los pasos de la tormenta

Los latidos de la tormenta se escuchaban a lo lejos, las nubes pulsaban sus deseos de viento y de agua. En los arboles colgaban unas caricias tímidas, que eran parte de otros anhelos, atrapados en ese temporal de emociones en el que se encontraban.
Alguien se movió en la oscuridad. Las primeras gotas se precipitaron sobre sus cabezas, La silueta se perdió en el borde de la calle. Eran los pasos de la tormenta. Viento y agua en sus corazones, carentes de latidos.