Mirar la vida

Miraba. Se detenía en los rincones de la vida, sus ojos posados en los ángulos, tocando los vértices de las cosas que se le escapaban. Recorría el tiempo de cada superficie y la acariciaba con su mirada sabia. Absorbía los olores que le llegaban desde el interior de los objetos y los guardaba en su memoria. Se detenía en las formas y trazaba líneas imaginarias con sus pestañas, curvas apiladas en los límites de sus recuerdos.
Después, cerraba la ventana y sus ojos pintaban sobre las paredes el perfume de las imágenes recolectadas.
Una música liviana se perdía entre los ladrillos y ella se dormía atrapada en esa melodía inventada, enredada en ese suero que bajaba hacia su cuerpo y la conectaba con el otro lado de su larga vida.

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