Alma de barro

Tenía el alma oscura, anclada en un barro espeso que chorreaba bronca sobre bronca. Desde allí disparaba su ira en forma de flechas venenosas que caían por su propio peso.
Era víctima de unas circunstancias que ella misma había creado y se desdoblaba en máscaras inútiles, escondiendo la profundidad de sus dolores.
Se perdía en capas de odio contra aquellos que ella misma había echado de su vida y los señalaba con su dedo acusador, una y otra vez, desparramando el barro de su desdicha.
Sin embargo, cada vez que se miraba en el espejo de su existencia, relajaba las poses y lograba encontrarse.
Una lágrima oscura corría por su rostro cansado. Estaba sola y necesitaba un abrazo.
Sobre el charco de sus angustias, ella creaba espinas para reclamar la caricia que le faltaba… continuará

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