La movilidad de la sombra

Un destello de su sombra se abría paso entre los orificios del tiempo. Avanzaba entre puntos luminosos y se hacía parte de algunos objetos, como si pudiera materializar el deseo de volver. Su cuerpo se alargaba buscando refugio y, a pesar de su perseverancia , no lograba descansar en sus intentos.
Asomado al presente se escabulló en algún rincón del pasado y descendió. Un libro se derrumbó desde la biblioteca. Atraída por el ruido, Fernanda ingresó a la sala. Tomó entre sus manos la incertidumbre del recuerdo. Lo abrió. Recorrió sus páginas para detenerse en una: la trece. Leyó despacio, interpretando lo que antes no había podido leer y se volvió sombra en la página siguiente, como si buscara con él un eterno regreso.

La espera

Amanecía. Entre los hilos de sol se enredaban las esperanzas, atadas al bostezo de la noche.
Amanecían las palabras dormidas, los versos callados sobre las olas, las voces detrás del silencio.
Amanecías. Tu rostro distante se elevaba desde el horizonte como una imagen difusa, imperceptible.
Y yo, cansado de la oscuridad de tu ausencia, me entregaba a ese amanecer para flotar sobre el agua de la espera y reencontrarte al otro lado del sol.