La espera

Amanecía. Entre los hilos de sol se enredaban las esperanzas, atadas al bostezo de la noche.
Amanecían las palabras dormidas, los versos callados sobre las olas, las voces detrás del silencio.
Amanecías. Tu rostro distante se elevaba desde el horizonte como una imagen difusa, imperceptible.
Y yo, cansado de la oscuridad de tu ausencia, me entregaba a ese amanecer para flotar sobre el agua de la espera y reencontrarte al otro lado del sol.

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