“Historias detrás de las puertas” (XVII) Las grullas

Tomó la llave de ese pensamiento sutil que cruzó sobre el río de su mente. Siempre estaba alerta, vigilaba la periferia de sus emociones. Decidida, introdujo el metal de la duda dentro de la cerradura de su memoria. La puerta cedió. Las grullas levantaron vuelo y la invitaron a un viaje inesperado, sin distancias. La boca de un reloj de horas discontinuas devoró su cuerpo sin alas e inmediatamente levitó sobre sus recuerdos. Soplaba una brisa suave, como de algodón, que la mantuvo en el aire de un tiempo antiguo.
A un costado, justo en una esquina, una lágrima pendía de la lámpara y brillaba. Adelante, las paredes de la casa se desvanecían en el hueco de una escalera de madera y ella, que estaba suspendida en el techo de su pasado, lo veía llegar, liviano, entre las grullas.
Sus compañeras de viaje se detuvieron al pie de la escalera y guiaron sus pies hacia el sótano. Un silencio espeso recorrió su piel.
En el centro de su memoria confusa convergieron las voces y rotaron el recuerdo. Las grullas volaron.
Sobre el suelo, detrás de la puerta, ella se perdió en los márgenes de otra lágrima para volver a encontrarlo.

Voces de espuma

Desde el fondo ascendían las palabras que se hacían grito en la superficie. Un rumor salado crecía y liberaba voces de espuma, adheridas a las rocas. Era allí, en la aspereza del silencio, donde nacía el texto que aseguraba el entramado del paisaje.

Latidos

Latidos
La vida se abre paso entre dos silencios, unas pocas palabras limitan la existencia, tan solo latidos de un mutismo que se manifiesta desde el suelo de nuestro paisaje interior.