Escalones

Puso sus pies descalzos en el primer escalón.
La energía almacenada en su cuerpo recién estrenado lo ayudó a subir rápido. Paso a paso, fue ascendiendo por la inmensa escalera vital que lo contenía.
Cada aprendizaje, cada novedad, cada logro lo elevaba. Disfrutó con cada uno de los encuentros fortuitos que el destino le tenía preparado.
La felicidad y más tarde la pena fueron parte de ese ascenso que fortaleció su espíritu.
Su vida escalonada de éxitos y de fracasos, de verdades y de mentiras, de alegrías y de tristezas, se extendía más allá de lo visible.
Las pisadas desdibujadas de aquello que dolía también fueron parte del ascenso.
Porque subir era muchas veces bajar. Se trataba de descensos sabios, que invitaban a detenerse, a disfrutar de las delicias ocultas entre los peldaños.
Retroceder era ascender, para elevarse había que abrazar la caída. Sus días fueron los escalones del tiempo.
La marcha se fue haciendo lenta y el cansancio detuvo el ascenso. Ya había aprendido mucho, ya había vivido todo.
La escalera vital que lo contenía se esfumó dejando la borrosa sombra de los escalones vividos.
Puso sus pies descalzos en el último escalón y se entregó al abismo.

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