Sólo espinas

Se buscaron a través de sus ojos. Midieron en el saludo la longitud de las distancias que los separaban. La flor guardaba entre sus pétalos el perfume de los recuerdos.
El aroma se perdió en el silencio y la rosa cambió de mano. Se encontraron en un instante helado, vacío de olores.
Después, avanzaron sobre las baldosas del camino compartido, intentando recuperar las voces ausentes.
No hubo palabras. La espina de la traición se había clavado en su alma. Recuerdos sin perfume.
Los pétalos cayeron lentos sobre aquella vereda de la vida y dejaron sobre el suelo los trozos de un secreto revelado.
Ya no había rosa. Sólo espinas.

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