La lágrima roja

La vida se había vuelto negro sobre blanco, sin matices. Aquella paleta incolora absorbía los tonos para reflejarlos sobre mi rostro, como si fuera un espejo.
Una lágrima roja rodó por encima de mi mejilla. La herida seguía abierta, sangrando el recuerdo de los colores, esos que se volvieron invisibles desde el día de tu partida.