La fermentación del tiempo

El tiempo levaba. Los segundos se alargaban en el vacío, como si fueran elásticos y flexibles.
Los minutos fermentaban recuerdos que ascendían como burbujas y se hundían en una masa viscosa, de instantes borrosos.
Una hora muda creció. Y volvió a crecer, multiplicándose sobre el sustrato informe que la sostenía, mientras buscaba, entre las voces conocidas, la tibieza del fermento que alimentaba la vida en ese tiempo quieto.

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