“Historias detrás de las puertas (XXII)” Los picaflores

El eco de un rumor colgaba de la puerta. Un picaflor batía sus alas y las palabras tomaban vida, una sobre otra, apiladas entre los granos de polen que llevaba en su pico.
Lo vio llegar temprano, cuando los rayos del sol comenzaban a iluminar su extensa noche. Lo presintió a través de los cristales, un beso suspendido en el aire, entre las plumas tornasoladas de ese pájaro en el que ella también habitaba.
Habían volado juntos, sus voces, libres de todo prejuicio, se elevaban en un canto tímido.
En el interior de esos cuerpos livianos se desvanecía una historia oscura, de amor y de muerte, sólo el brillo de aquellos ojos mutilados permanecía vivo, como una llama que era capaz de sobrevivir al fuego, como si ella misma se hubiera desprendido de otras llamas, dentro del fuego, por encima del odio.
El eco de un rumor colgaba de la puerta y cada palabra repetida era tan cierta como la vida, pluma sobre pluma, en los límites
de la muerte.

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