Primer vuelo

La flor blanca señalaba el camino como una flecha. Por momentos, la brisa que me acompañaba cambiaba el sentido de mi única brújula y entonces un temor espeso se apoderaba de mí.
La noche avanzaba sobre el día y se tragaba su luz, un grito se apoderó del silencio y llenó el vacío para detenerme en ese hueco del bosque en el que me había perdido. Alguien me espiaba. Volví, la duda enredada en mi cuerpo pequeño y la luna buscándome desde un cielo sin estrellas.
La flor blanca se balanceó, como si ella misma dudara, la miré con una pregunta entre mis ojos. Me miró y balbuceó unas palabras que no llegué a comprender. Después, abrió sus pétalos y esparció su perfume. Me dejé llevar por ese aire nocturno, reconociéndome poco a poco, pluma por pluma.
Desplegué mis alas jóvenes, blancas, de lechuza que busca la noche para encontrarse y levanté vuelo por primera vez bajo la atenta mirada de mi madre.

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