Sin voz

Los hilos del tiempo se perdían en la boca de aquel túnel en el que te vi por última vez. Tu figura, arrastrada por la corriente de mis deseos, vacío sobre el vacío, desapareció delante y detrás de mis ojos, especialmente detrás de ellos, para convertirse en silencio.
Te dejé ir, envuelto en una red de hebras pegajosas, enhebradas con los restos de palabras que caían de mi garganta, el grito alargándose para salir, sin salida.
Caminé despacio, sobre la textura de la despedida, mis pies se detuvieron en las rugosidades del recuerdo y suavizaron tu imágen gigante.
Ahora sos parte del tiempo, viento que pasa y no lastima, tan sólo un susurro en el túnel de la memoria. Y yo, que no logro escucharte, te dejo allí, sin voz.

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