Venganza

Se alejaba. La distancia de sus ojos me consumía. No era lo que me había confesado sino lo que había callado, o quizás todo eso junto, el silencio petrificaba mis emociones, afuera era igual que adentro. Ambos estábamos presos y formábamos parte de la misma cárcel.
Las huellas de sus pisadas me invitaban a seguirlo, a buscar nuestros sueños olvidados, y sobre todo, despertaban en mí un inquietante deseo de venganza.
A veces era necesario destejer las horas vividas para encontrar las respuestas.
Sin dudarlo, impulsada por esa voz que me arrastraba del otro lado de mis deseos, destejí esa red en la que me tenía atrapada, hilo por hilo, y me marché en su búsqueda.

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