Ritual

El tiempo se ramificaba desde el centro, a la hora exacta de nuestra despedida, justo cuando dos hojas jóvenes se atrevían a la vida. Los minutos de esa hora saltaban confundidos entre las ramas secas y arrastraban segundos inciertos, prolongados en el vacío.
Regresabas sin regresar, inmóvil en ese tiempo quieto.
Ramificado en mis recuerdos, te veía crecer sobre el borde de esas hojas que me recordaban, cada tarde, la hora de tu partida.

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