“Historias detrás de las puertas XXVI” Las polillas

La madera crujía. Un sonido áspero atravesaba su entendimiento. Sentada frente a la ventana destejía su historia, hilo por hilo, punto por punto, como las polillas. Sobre sus manos caía el silencio, una madeja inconclusa que se extendía y abarcaba lo que estaba afuera, al otro lado de la puerta que la separaba de la vida.
Cada una de sus palabras había sido destejida, ya no había historia. Todo crujía, no solo la madera, también crujía el silencio que la ahogaba. Por eso siguió destejiendo, una y otra vez, hasta llegar al principio.
Aquella noche, había logrado regresar. Abrazada a la oscuridad de su cueva recordó en las llamas la forma de la esperanza, el punto de partida, el mandato de la tierra, su pasado y su futuro, recordó las voces perdidas en el tiempo y fue Eva sin paraíso mientras comenzaba a tejer una historia nueva.

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