Perfume vital

Había una intención, un latido de deseos expuestos, sueños verdes y blancos en medio de la oscuridad que los rodeaba, hilos de clorofila y perfume que multiplicaban la vida.

Palabras de arena

Aquellas palabras cayeron lentamente sobre el suelo. Sus partículas exploraron los rincones de ese espacio desconocido y se perdieron en un laberinto de voces, como si nunca hubieran existido.

Repliegue

Fueron aquellas circunstancias desconocidas, las voces imprevistas, el olor del miedo y el sabor de la duda las causas de su consecuencia. Fueron las certezas sin certeza, ese nuevo espesor del aire y la tibieza de su ánimo los que la habían obligado a replegarse. Se había replegado sobre su centro, su cuerpo blando encontrándose en un hueco de silencio, adentrándose en las palabras que la habitaban. Sólo así lograría que esas palabras no se perdieran entre aquellas circunstancias desconocidas.

Emancipación de los silencios

Un ovillo de voces, colgadas en las ramas de la memoria, recrean las palabras que pronuncian, como si de esa manera abarcaran los recuerdos. Un grito oscuro se levanta desde las páginas de la historia, ya no hay olvido sino una continua emancipación de los silencios.

Punto de luz

Entre los vértices de la oscuridad asomaba un punto de luz, como si la esperanza creciera a pesar de la incertidumbre, como si le crecieran alas y se abriera paso sobre las múltiples posibilidades del bien común.

Unidad

Superpuestos en el muro de la vida, existen ladrillos que sostienen el peso de las circunstancias. A una distancia prudente, se nutren de las sutilezas escondidas en el cemento que los une.

“Historias detrás de las puertas (XXVIII) ” Las medusas

La niebla levitaba desde hacía tiempo alrededor de la puerta. Aún cuando el sol brillaba, se extendía como un muro detrás del otro, que permanecía en silencio. Me intrigaba, quería saber, conocer lo que había detrás, olfatear el misterio y degustarlo.
Aquella tarde, justo en el momento en que preparaba la cámara para tomar la fotografía, las presentí por primera vez. No hubo foto. Los tentáculos de las medusas se alargaron para detenerme, como si se negaran a ser descubiertas.
Las vi asomarse detrás de las cortinas. Después, una masa informe y gelatinosa avanzó sobre mi cuerpo para sumergirme en las aguas del miedo, hecho de olas de silencio. Quise avanzar pero no pude. Grité y callé.
Sentí caer sobre mi piel el veneno de la duda, sus células urticantes dispararon y me paralizaron en un segundo oscuro.
A mi alrededor vi los rostros de otros, de muchos otros que, agobiados como yo, buscaban la salida de esa película que atravesaba la niebla y nos cubría.

Desolación

Habitaba aquel paisaje desolado, casi mudo, cuando escuché unas palabras pesadas, como si hubieran sido pronunciadas por el barro, como si el barro pudiera ablandar las huellas.
Caminaba hacia atrás sobre el silencio y aunque no había horizonte, te encontraba en un punto oscuro, en un tiempo sin distancias.
Recorría aquel espacio sin formas, aquella geografía del miedo, cuando vi tu rostro en el barro, que de pronto se había quedado mudo como el paisaje, mimetizándose con tu rostro.