“Historias detrás de las puertas (XXVII)” Los piojos

El secreto flotaba en una gota de sangre. Los piojos lo escondían en sus cuerpos, de una generación a la siguiente, de una cabeza a la otra.
Alguien llamó a la puerta, buscaba en esa casa los rastros del silencio, las pinceladas que faltaban en el lienzo de su vida. Necesitaba encontrar el origen de sus líneas, el comienzo de esos trazos que no le pertenecían.
La mujer asomó a través de aquellos vidrios oscuros que la protegían del mundo. Se perdió en la figura que esperaba al otro lado, como si de pronto recordara todo, como si la muerte se pegara a la vida en su cabeza llena de piojos, capaces de revelarle el secreto que flotaba en su sangre y que, en ese momento, se manifestaba detrás de la puerta…( continuará)

Vacío de palabras

Nuestras voces se acomodaron en el hueco, una sobre la otra. Necesitaban dar comienzo a esa conversación pendiente, colgada en las hojas, que permanecía suspendida en el aire, como si no fuera necesaria.

La furia

Estaban furiosos. La ira entrelazada en sus cuerpos y en sus mentes no los dejaba avanzar. Un nudo de broncas los separaba, las razones sin razón, el motivo atrapado en las palabras, como una idea inmóvil.
Impulsados por ese viento de enojos, cayeron por una escalera de emociones espejadas, rostro sobre rostro. Se reconocieron en ese entramado de silencios, los ojos reflejados en el vacío, un segundo antes de la despedida.