Unidad

Superpuestos en el muro de la vida, existen ladrillos que sostienen el peso de las circunstancias. A una distancia prudente, se nutren de las sutilezas escondidas en el cemento que los une.

“Historias detrás de las puertas (XXVIII) ” Las medusas

La niebla levitaba desde hacía tiempo alrededor de la puerta. Aún cuando el sol brillaba, se extendía como un muro detrás del otro, que permanecía en silencio. Me intrigaba, quería saber, conocer lo que había detrás, olfatear el misterio y degustarlo.
Aquella tarde, justo en el momento en que preparaba la cámara para tomar la fotografía, las presentí por primera vez. No hubo foto. Los tentáculos de las medusas se alargaron para detenerme, como si se negaran a ser descubiertas.
Las vi asomarse detrás de las cortinas. Después, una masa informe y gelatinosa avanzó sobre mi cuerpo para sumergirme en las aguas del miedo, hecho de olas de silencio. Quise avanzar pero no pude. Grité y callé.
Sentí caer sobre mi piel el veneno de la duda, sus células urticantes dispararon y me paralizaron en un segundo oscuro.
A mi alrededor vi los rostros de otros, de muchos otros que, agobiados como yo, buscaban la salida de esa película que atravesaba la niebla y nos cubría.

Desolación

Habitaba aquel paisaje desolado, casi mudo, cuando escuché unas palabras pesadas, como si hubieran sido pronunciadas por el barro, como si el barro pudiera ablandar las huellas.
Caminaba hacia atrás sobre el silencio y aunque no había horizonte, te encontraba en un punto oscuro, en un tiempo sin distancias.
Recorría aquel espacio sin formas, aquella geografía del miedo, cuando vi tu rostro en el barro, que de pronto se había quedado mudo como el paisaje, mimetizándose con tu rostro.

Mutismo

“Atardece sin palabras. He callado al viento para escuchar otras voces, dormidas desde hace tiempo.
Un susurro lejano, como de silencios dispuestos a hablar, se eleva y trata de completar el vacío.
Hubo un tiempo en el que las raíces absorbieron mis palabras y las amasaron para que florezcan…
El paisaje ha detenido su lenguaje, es necesario escucharlo…”
Fragmento de mi novela inédita “El eco de otra voz”

La casa del árbol

Estaba allí para evitar el olvido, para extender sus raíces junto a las otras, en la profundidad de ese suelo mudo.
Sus ramas habían guardado los aromas. Entre las hojas latían las miradas de aquellos que partieron. Adentro corría una savia memoriosa, los rostros y las voces circulaban como recuerdos líquidos, que ,de tanto en tanto, ascendían como vapores, sombras y fantasmas en la noche.
La casa estaba vacía, sin palabras que la definieran, sin pulso. A pesar de todo seguía de pie, escuchando lo que el árbol tenía para contarle. Tan sólo para no olvidar las palabras que la definían.

Lo que nos une

Nos unen las palabras, las voces que atraviesan los puentes, descalzas de miedo.
Nos unen las pisadas que marcan el camino y dejan huellas.
Nos unen las orillas, los márgenes en los que siempre es posible encontrarse.
Nos unen las miradas, los ojos que cruzan al otro lado de las cosas y ven más allá, en el punto lejano.
Nos unen los vientos que arrastran el sonido escondido, la canción del paisaje, la música que permanece.
Todo lo que nos une está suspendido en un puente de silencio.