La casa del árbol

Estaba allí para evitar el olvido, para extender sus raíces junto a las otras, en la profundidad de ese suelo mudo.
Sus ramas habían guardado los aromas. Entre las hojas latían las miradas de aquellos que partieron. Adentro corría una savia memoriosa, los rostros y las voces circulaban como recuerdos líquidos, que ,de tanto en tanto, ascendían como vapores, sombras y fantasmas en la noche.
La casa estaba vacía, sin palabras que la definieran, sin pulso. A pesar de todo seguía de pie, escuchando lo que el árbol tenía para contarle. Tan sólo para no olvidar las palabras que la definían.

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