Despertar

Despertaban. Las miradas frescas, la abundancia multiforme, las voces escondidas, los sonidos guardados, los aromas necesarios y los vientos dormidos.
Despertaban las gotas diminutas, los colores invisibles y el cántaro mudo, que abría su boca después de tanto tiempo, como si de pronto hubiera necesitado expresarse.
Despertaba la naturaleza toda y a pesar del silencio, podía escucharse una canción nueva.

Giros

Un diálogo apenas perceptible se desvanecía entre los giros del viento.
Eran esas palabras caídas las que intentaban levantar vuelo, como si de esa manera pudieran evitar el invierno.

Voces en las cañas

Adentro, entre los intersticios de cada caña, dormía la voz del viento que expandía los sonidos del paisaje.
Como bocas deseosas de expresarse, abrían sus labios para liberar la canción que habitaba en sus entrañas, cada vez que otros vientos la recordaran.

“Historias detrás de las puertas (XXIX)” Las cigarras

Ellas emergían del silencio. La oscuridad de la tierra había sido su refugio. El tiempo se terminaba. El sonido que las convocaba provenía de las ramas de los árboles, la melodía invitaba a una cita impostergable. Las puertas se abrieron. Sobre sus cabezas rapadas llevaban una túnica blanca. Sus cuerpos,extremadamente delgados, renacían con el viento. Adentro quedaba el invierno, sus ropas de ninfas, el sabor de las raíces y el aroma del encierro. Los ojos lloraban recuerdos, las lágrimas que caían sobre sus mejillas excretaban palabras que sus bocas ya no podían pronunciar.
Desde el día en que alguien las había elegido para perdurar, permanecieron en aquellos refugios subterráneos.
Ellas eran la voz de un tiempo viejo pero sus labios estaban sellados.
Diecisiete años después, las ninfas volvían a ver la luz. Un sonido las convocaba, la estridencia del canto, denso y continuo, las animaba a desplazarse. Avanzaban hacia el punto de partida. Mudas. Sin la música que les pertenecía.
Las cigarras tenían miedo. Sabían que todo volvía a comenzar…