Continuidad

Guardaba los secretos de un tiempo tibio, abrazaba el aroma de la primavera y sus trinos, retenía el sabor del verano y sus relieves.
Se llevaba los recuerdos, las palabras nacidas de la tierra, el movimiento de los pájaros, sus patas y sus alas balanceándose sobre ella.
Retenía las voces dispuestas, los sonidos que habrían de repetirse cada día con sus noches, cada noche con sus lunas, en un círculo necesario para asegurar la redondez de la vida. Sólo así sería eterna.

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