Cuatro paredes

Rebotaba. Sobre las cuatro paredes rebotaba, una y otra vez. Sus partes se fragmentaban entre ángulos y vértices y se deslizaban por encima de formas conocidas. Añoraban el mundo de afuera. Adentro, sus pensamientos elásticos se alargaban sobre la rigidez del espacio y resbalaban como gotas provocando una lluvia de ideas compartidas.
Rodaba como una pelota sin rumbo, un resorte en los rincones plagados de voces y destellos luminosos. Giraba alrededor del punto que lo contenía, su propia voz rebotando en el aire, expandiéndose a través de las ventanas, escapando de las fronteras para recuperar sus límites, para dejarse atrapar por el viento y viajar al encuentro de sus partes perdidas.

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