Punto de vista

Sus ojos de tierra se alargaron a través de las hojas. Arriba, el mundo era de aire. Y de luces, tan distinto del suyo: húmedo y oscuro.
Alargó su cuerpo de lombriz y espió. Un semicírculo de rayas y de cielo, como un abanico, aplastó su mirada.
Arriba y abajo se fundían en un plano inclinado. Todo dependía del lugar donde se posaban los ojos, el punto de vista.

Peligro

Se disponía a tejer su guarida, un lugar blando para protegerse del mundo de afuera, justo allí donde se entrelazaban los hilos de una trama invisible y peligrosa.

Siembra

Sembrar.
    Dejar que las palabras se fundan con la tierra, las líneas de las manos prolongándose en un latido.
      Sentir la humedad del suelo, la frescura del agua que ablanda las palabras.
            Rodar en la oscuridad, recorrer los túneles,  una piel sobre la otra, un encuentro de texturas en orificios de silencio.
               Sembrar silencios para fertilizar las palabras.

Exploración

Exploró la textura del instante, las patas aferradas a las nervaduras del destino, el aroma como una hoja de ruta, las antenas dispuestas a la escucha, un triángulo de sensaciones, rojo.
Avanzó, sin tiempo; sólo para resbalar sobre  la incertidumbre de ese momento quieto.

Marcas

Las huellas hablaban, recorrían la circularidad de su historia. En la superficie, las palabras del sol, su voz caliente en puntos fijos; los remolinos del viento impresos en los márgenes, como una ausencia; y en el centro, aquella mutación de los pigmentos que abarcaba las múltiples tonalidades de su esencia.
Las huellas, sobre la piel,  tan sólo silencios exhalados.

Escape

Te escapabas. Atravesaste la hendidura de tus emociones con una serenidad desconocida. Te dejaste llevar por ese silencio que había deglutido tus palabras, por las palabras mismas, ya sin forma.
Te escapabas en el follaje de los pensamientos. Una oscilación de las voces, como círculos, te obligaba a avanzar por las nervaduras del destino.
Te escapabas de vos y de todos, y sin embargo, siempre regresabas.