La máscara

No sé si ha llegado el momento. Siento el haz de luz que atraviesa los poros de esta oscuridad sin fronteras. Un deseo nace desde el fondo de mi noche. Me vuelvo pequeño e invisible para avanzar entre los intersticios del miedo. Inspiro el principio de ese túnel que me llevará a la superficie. ¿ Cuánta tierra hay debajo de la tierra?
Todo se mueve. Dudo. Alguien crece desde la luz que me ciega. El pasado que habita dentro de mí se desmorona, los restos resbalan sobre mi cuerpo, el olor de mi piel se funde con el olor del barro que atravieso. Me convierto en barro dentro de la zanja de mi memoria. Aún así, crezco por encima de mis sombras, soy visible al otro lado de la máscara. Un sueño despierta en el centro de mis ojos, como una llamarada. El reloj contiene los límites del tiempo, las horas quietas en este segundo. Estoy decidido. Cruzo la frontera de mi cuerpo. Salto por encima de la cicatriz que  cruza mi rostro. La rozo con mis dedos, me sumerjo en su topografía, bebo cada uno de sus puntos inundados por mis lágrimas. Dejo caer la máscara que me ha  protegido hasta este instante. El fuego de la libertad vuelve cenizas las palabras. Me entrego al silencio, respiro sus pliegues, sólo para escuchar el sonido de mi cicatriz latiendo en mi mejilla, solo para que nadie vuelva a callarla.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *