El nombre

Lloraba un tiempo viejo. Las lágrimas avanzaron desde sus pies, densas de barro,  y se detuvieron en el ángulo de sus ojos, como si volvieran a habitar lo que había detrás de la niebla, como si lloviera otra vez sobre la tarde del campo.
Águeda se detuvo en la tranquera. El espacio adquirió el volumen de las palabras. Un silencio atravesó su cuerpo.Y ellla tambaleó contra el eco de una voz olvidada.
Buscaba un nombre enterrado: el suyo…

II
Caminó sobre los fragmentos del recuerdo. Las palabras viajaban en tren y se arrojaban al vacío. Era en ese vacío donde Águeda se detenía, justo en el punto silencioso donde había perdido su nombre, en el hueco que habitaba debajo de su piel y de sus huesos, como una película en suspenso. La pausa se prolongó en otra pausa y los pájaros callaron en las ramas.
Se perdió en unos pasos , el sutil latido de la tierra debajo de sus pies la obligó a regresar al presente. Alguien se acercaba. Levantó su cabeza, los ojos vibraron en los ojos, las miradas cruzadas. Se reconocieron en ese contacto distante. Era él. Cada uno siguió avanzando como si no compartieran el latido. Mejor así. Había nombres que debían seguir enterrados. ¿ Juan?…
III
Las vías pasaban por encima de su cabeza, dos nombres se balanceaban en el abismo. Colgaban de una tarde de lluvia, hueca de imágenes. Estaban atados a un hilo sin tiempo. Por eso, seguían allí, uno al lado del otro, gemelos, las miradas unidas para siempre.
El tren se detuvo a las cuatro.  Unas pocas gotas absorbieron los gritos y las lágrimas, que minutos después se perdieron en el barro. En un charco flotaba su verdadero nombre.
Arriba del tren, alguien desconocido la había llamado Águeda. Y ella, colgada de las vías, sin palabras

IV
Hubo una tensión, los ojos volvieron a buscarse en el reflejo de los ojos. La araña tejió su tela, tres hilos, una vuelta; tres vueltas y un hilo, las voces ovilladas en esa trama pegajosa y en el centro una letra: la C.
Se recostó sobre la curva, sus vértebras buscando el punto de apoyo, libres en ese principio donde asomaba su nombre…

V
Las letras se hicieron líquidas en los humores de sus ojos, una al lado de la otra, las pieles rozándose en ese encuentro de hermanos. ¿ Cómo se llamaban antes de la lluvia? ¿ En qué gota habían quedado atrapados sus verdaderos nombres? ¿ Quién era quién en la trama de la araña que los destejía?
Fue una palabra, la vuelta de un hilo, como una lazada que los unía en el saco que compartieron antes de nacer.
Fue el líquido que los nombraba Y la lluvia sobre sus rostros. Sólo para que volvieran a nacer…
( Esta historia continuará)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *